| axel.org.ar |
|
|---|---|
|
Las muertes por AZT son asesinatos
Si accidentalmente uno ingiere un veneno, la muerte es un accidente. Si se hace a propósito, es suicidio. Si uno envenena a otro a propósito, es asesinato, a no ser que lo ordene un tribunal, en cuyo caso es ejecución. Por lo tanto. ¿Qué sucede con los millares de americanos que —a instancia de sus médicos— ingieren AZT y otros fármacos venenosos anti-VIH?. ¿Cómo llamar a esas muertes?. Para mí está claro que el VIH no causa ni inmunodeficiencia ni ninguna de las supuestas enfermedades del SIDA, y que no es necesario ningún tratamiento para que sigan viviendo sanos los individuos VIH-positivos. Además, he llegado al convencimiento de que el consumo crónico de drogas es la causa de casi todos los casos de SIDA en Estados Unidos y que son inútiles los actuales ensayos de vacuna contra el VIH. Y además de matar al inocuo VIH, el AZT y otros análogos de los nucleósidos son enormemente tóxicos y destruyen las células sanas (1). Los inhibidores de la proteasa del VIH son igualmente peligrosos y producen depósitos extraños de grasa en cuello, hombros y abdomen, niveles muy altos de colesterol, ataques cardíacos, fallo visceral y extraordinaria emaciación de las extremidades (2). La terapia con estos fármacos es letal si el paciente no interrumpe el tratamiento. ¿Cómo se llama a esta clase de envenenamiento prescrito por el médico y voluntariamente tomado por un paciente asustado y desinformado?. Al ser prescrito, no es un accidente. Como el paciente no desea morir, no es suicidio. Luego, a menos que un tribunal lo haya ordenado, estas muertes me parecen asesinatos. Todo médico debe saber que estos fármacos son, con toda evidencia, venenos mortales; el médico que no comprenda esto es incompetente o negligente. Nací en Omaha, en donde me diplomé en la universidad de Nebraska. Durante la II Guerra Mundial (1943-45) fui médico en las tropas de paracaidistas de las operaciones en el Pacífico. Me doctoré en 1950 en la facultad de Medicina de la universidad de Nebraska y estuve dos años de interno haciendo prácticas antes de comenzar a ejercer (1953-1981) en Omaha. En 1981 me trasladé al Lago de los Ozarks y ejercí en una comunidad rural hasta 1986, en que me jubilé. En 1987 comencé a interesarme por la «epidemia» de SIDA en Missouri y
a recopilar datos sobre ello. Me quedé atónito al ver que el 93% de los
diagnósticos de SIDA se circunscribían al continente de homosexuales y
drogadictos por via intravenosa. Una llamada al retrovirólogo de la universidad
de Berkeley, Peter Duesberg Actualmente, me dedico a suscitar el interés entre abogados y compañías de seguros sobre el aspecto legal de prescribir terapias tóxicas para el VIH. Contacto: Rt. 1 Box CB-73-D, Notas (Alfredo Embid): Hay otros efectos tóxicos demostrados. Artículo publicado en el número 61 de la revista «Medicina Holística». Edita: Asociación de Medicinas Complementarias (A.M.C.) Fuente: Free News
|