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Soja - La conquista silenciosa El poroto de soja pertenece a la familia de las legumbres, también
integrada por otros porotos, habas, trébol blanco (y rojo) y maní.
Esta familia posee una capacidad muy valorada por el agricultor: captar
el nitrógeno de la atmósfera en los nódulos de sus
raíces (con la ayuda de bacterias). En China, la soja fue plantada
durante siglos en el año precedente al apropiado para la rotación
del cultivo. Mientras que el nitrógeno constituye un respaldo para
los siguientes cultivos, la planta misma sirve como forraje animal o abono
verde y sus semillas como alimento para humanos. En Occidente, de la función
de aporte de nitrógeno se hicieron cargo los tréboles. Estas
plantas fomentan la producción láctea pero, ocasionalmente,
pueden ocasionar la muerte de una vaca por timpanismo. El hecho de que las legumbres pueden fijar nitrógeno en el suelo
mientras que otras plantas dependen de éste, es lo que las sitúa
por sí mismas en una categoría especial, opuestas al resto
del mundo vegetal. Su modalidad de crecimiento difiere marcadamente a
la de las demás plantas. Éstas levantan sus capullos y semillas
hacia el sol y el cosmos de la mejor forma posible. Entonces se detiene
su crecimiento y la planta muere luego de semillar. Las legumbres, sin
embargo, al florecer y fructificar en la región foliar, continúan
produciendo alternativamente hojas y capullos sin una pausa. Sus capullos
forman una especie de yelmo (casco) conteniendo espacios huecos -un gesto
de retención, reminiscente de la manera en que se forman los órganos
animales durante el desarrollo embrionario. Su germinación también
es característica. En vez de enviar la soja un brote vertical en
busca de aire libre, emerge un cuello del poroto cuyos dos extremos, raíz
y polos cotiledónicos, permanecen enterrados en el suelo. La planta
parece renuente a abandonar la tierra. La planta de soja no puede tolerar las malezas como vecinas. Estas deben
ser extraídas al menos tres veces por año con herbicidas
apropiados (al arar, al comenzar la primavera e inmediatamente luego de
plantar los porotos). Bajo condiciones de "competencia", la
soja enferma. Esta tendencia antisocial es reflejada sobre los aspectos
económicos, como luego veremos. Para evitar el peligro de enmohecimiento
en clima húmedo, la cosecha debe ir directamente a la planta de
procesamiento. Allí puede ser secada y almacenada bajo condiciones
óptimas. El alto contenido protéico de esta planta es su principal atractivo
como un alimento. La proteína es la sustancia "animal"
producida alrededor de la semilla, donde las fuerzas astrales fueron más
activas. Se requirió mucha inteligencia para tornar comestible
a esta planta. Primero, el poroto es prensado para obtener un aceite industrial
con el que se elabora la margarina. No fue fácil encontrar un uso
para la "pasta" residual, porque a pesar de que los animales
la comen con apetencia, ésta ejerce un efecto inhibidor del crecimiento.
Sólo cuando se identificaron y extrajeron las sustancias responsables
del obstáculo la "harina de soja" pudo convertirse en
el motor de la crianza intensiva de animales. Así se pudo "producir"
cerdos, aves y vacunos más rápidamente que con las fórmulas
tradicionales de pienso. Por otro lado, la prosperidad del mundo industrializado -que gasta sólo
una fracción de sus ingresos en alimentos- es dependiente de semejantes
procesos. La producción masiva de animales alimentados con "harina
de soja" en combinación con otros granos producidos intensivamente
mediante la utilización de fertilizantes artificiales, mantuvo
artificialmente bajos los precios de los alimentos y, simultáneamente,
propició el desarrollo de industrias alimenticias gigantescas.
Por ende, nuestra sociedad consumidora, con su despilfarro de recursos
y su creciente sentido de insatisfacción, debe su existencia en
gran medida a las propiedades previamente insospechadas de la soja. La soja puede satisfacer nuestra sentido de bienestar de muchas otras
formas. Es la fuente principal y más barata de lecitina, aditivo
alimentario que asegura la suavidad del chocolate e impide la cristalización
del azúcar. Las sustancias grasas se tornan "livianas".
Por ejemplo, con la lecitina puede lograrse que la margarina llegue a
contener un 20% de agua. La harina de soja mezclada con harina de trigo
evita el encogimiento en el horneado. El contenido de agua incrementado
en los productos horneados los abarata y los mantiene crocantes al ser
almacenados. El aislado protéico de soja presente en productos
procesados en base a carne y pollo impide que se "achiquen"
al cocerlos. La soja llegó a usarse en medicina, cosmética,
fabricación de pinturas y productos lácteos gracias a su
capacidad de absorber sustancias y retenerlas bien "agarradas",
de "subordinarse" en vez de hacer valer su propia personalidad.
Su talento consiste en crear ilusiones, útiles para producir helados,
salsa, comidas rápidas y alimentos para mascotas. Puede imitar
el sabor, la apariencia y la textura de casi cualquier comida que podríamos
encontrar en nuestra mesa. El talento que, con la ayuda de la industria moderna, posee esta planta
para suplantar a todo otro producto alimenticio no debe ser ignorado.
La única cuestión es hasta qué punto se ha vuelto
un impedimento para el surgimiento y desarrollo de las fuerzas anímicas
humanas. ¿Cuáles serán sus influencias futuras sobre
la evolución del planeta? II: La historia de la soja en el siglo XX Aquí nos toparemos con la misma dinámica por doquier, como
si esta planta tuviese un genio oportunista al extenderse -al punto de
tornarse un factor en las guerras. Ha sido capaz de alistar una gran porción
de la inteligencia y la capacidad del mundo en el descubrimiento y el
aprovechamiento del total de sus posibilidades. Encubierta tras su modesta
tarea de proveer alimento barato pero nutritivo para animales y en ciertas
regiones para poblaciones humanas enteras, se las arregló para
"colarse por la puerta trasera". Pero luego de emerger desde
las sombras, su comportamiento se torna belicoso. Podemos notarlo en estas
típicas frases: "capturando el mercado", "ofensivas",
"alianzas estratégicas", "presiones políticas",
"batallas ganadas", etc. La presión que hoy EE.UU. ejerce sobre la política mundial
fue precedida durante décadas por una paciente e industriosa sociedad
de intereses. Cuando se hicieron evidentes las posibilidades insospechadas
provistas por la soja utilizada como pienso verde y como aporte nitrogenado
para el suelo, fue fundada la Amercian Soybean Association (ASA), uniendo
a industriales, productores de soja y científicos. Cada año,
la extensión de cultivo es determinada de común acuerdo
según la demanda y el límite de subsidios gubernamentales.
De este modo se pudo mantener los precios a un nivel bajo constante, permitiendo
que la industria aceitera emprendiese una guerra de precios que gradualmente
acabó por desplazar a todos los productos competidores del rubro.
La tarea de los científicos fue convertir la pasta de soja remanente
en un producto que satisfaciera las exigencias de los criadores de animales,
y explorar todos los posibles usos ulteriores de esta planta. De este
modo se pudo llevar a cabo y perfeccionar en EE.UU. un método de
cultivo intensivo altamente mecanizado y la crianza masiva de animales. Son muchos los factores que jugaron a favor de la soja. Al principio
(la década de 1920), cuando hubo una superproducción de
trigo, maíz y algodón en EE.UU., el gobierno subsidió
el cultivo de soja en campos que de otro modo permanecerían improductivos.
El lento ascenso del estándar de vida norteamericano, con su preferencia
por las carnes blancas y las grasas vegetales, aumentó la demanda
de margarina y de "harina de soja" para la crianza de animales
a gran escala. La margarina, por su bajo precio, llegó a ocupar
su lugar junto a la manteca en la dieta norteamericana típica.
La fuerte competición del "balanceado" en base a semilla
de algodón desapareció mágicamente cuando el gobierno
redujo el cultivo de algodón y continuó subsidiando el de
soja. Durante la Segunda Guerra Mundial, el aceite de soja pudo sustituir
a los que fue imposible seguir importando. Inclusive la revolución
socialista china le dio impulso a la soja norteamericana. La confiscación
y reasignación de tierras eliminó toda posibilidad de producción
planificada, y muy pronto China estaba importando soja desde EE.UU. Así, EE.UU. se convirtió en el único país
exportador de soja. Es verdad que a partir de 1970 Brasil y Argentina
se tornaron en competidores reales pero, económicamente, esto funcionó
de manera positiva. Mientras tanto, todos los países del mundo
fueron iniciados al consumo de soja. El apoyo brindado a países
angustiados por emergencias se convirtió en un medio para desprenderse
de la excesiva producción. Los lazos políticos con estos
países se fortificaron mientras que el flujo de mercaderías
-especialmente el de aceite de soja- transformó los hábitos
dietarios de las poblaciones. Esto aseguro un mercado estable y la dependencia
económica. Con respecto a la soja, el mundo se divide en dos partes: un continente
produciendo la planta y ofreciéndola por doquier de formas adaptadas
a las circunstancias económicas, y todos los otros continentes,
que se tornaron totalmente dependientes del primero en cuanto a este apoyo
básico para sus estándares de vida. En 1973 el mundo sintió
repentinamente la amargura de semejante trago. Un año de inundaciones
en África destruyó la cosecha de maní; simultáneamente,
sobrevino una imprevista demanda de soja desde Rusia. Debido a que el
área destinada a la producción de soja resultó ser
demasiado pequeña, EE.UU. tuvo que enfrentar la disyuntiva de prohibir
las exportaciones o bien enfrentar una escasez local. El consiguiente
embargo de las exportaciones de soja generó pánico en los
países importadores. La provisión de insumos para la producción
masiva de animales fue puesta en jaque, con todas las obvias consecuencias
económicas. Afortunadamente, la crisis no fue tan grave como se
previó. La veda de exportación fue flexibilizada, mientras
que Brasil surgió como un nuevo proveedor. No obstante, aunque
el enorme incremento del precio resultante se redujo después de
la crisis, la cotización ulterior terminó siendo 1,5 a 2
veces más alta que al comienzo. Durante los últimos 20 años, los países europeos
han intentado librarse de esta dependencia. Ellos mismos plantan soja
donde el clima lo permite (Italia provee un 90% de la producción
europea), o crean nuevas variedades que prosperan en condiciones climáticas
menos favorables. Se estimula en la producción del balanceado la
utilización de plantas nativas o de las que se importan desde las
antiguas colonias, pero el resultado dista de ser conclusivo. Pese al
uso de "harinas" de colza, girasol y maní, la demanda
de harina de soja en la Unión Europea no ha declinado, representando
actualmente alrededor de un 70% del total necesario. Los esfuerzos en
pos de la autonomía resultan fútiles a medida que aumenta
la demanda. Y EE.UU. esta convencido de que debe consolidar esta situación
de manera tal que, cualesquiera sean las circunstancias, ésta nunca
pueda modificarse. Examinando los aprietos de varios países debido
a la soja, podríamos tentarnos a coincidir con EE.UU. respecto
de que todo debería permanecer tal como está. Realmente
parece no existir ninguna vía racional que conduzca a que la situación
cambie. Podemos visualizar con suma facilidad cuán inmenso sería
el sufrimiento consecutivo a cualquier colapso repentino del sistema actual. Japón constituye un típico caso del modo en que la prosperidad
de los países industrializados puede depender totalmente de la
soja. Japón aceptó los argumentos norteamericanos respecto
de orientar todos sus esfuerzos en materia industrial hacia la construcción
de plantas aceiteras. En virtud del escaso cultivo local, ellos importan
el poroto desde América. Así, gracias a las técnicas
de producción animal masiva, pueden asegurarle a su población
la provisión de carnes. Países como Túnez, gran productor
de aceite de oliva que constituía hasta hace muy poco una fuente
barata de aceite para el consumo interno, ahora están importando
aceite de soja norteamericano para mezclarlo con el de oliva y satisfacer
las necesidades locales, y así disponer de mayores volúmenes
de aceite de oliva puro para exportar a los países más ricos.
Podemos constatar por doquier la misma tentación de ganar en prosperidad
por medio de la soja mientras se va desmantelando la posibilidad de lograr
la auto-suficiencia. Brasil es un perfecto ejemplo de esto. Su política de expansión
económica a través de la soja le robó al mercado
interno todo acceso a la producción local. Los subsidios gubernamentales
favorecen a los grandes terratenientes; la cara mecanización necesaria
para el cultivo condujo a los pequeños agricultores, que antes
proveían alimento a las ciudades, hacia el hacinamiento en villas-miseria
peri urbanas. Como resultado, para poder alimentar a la población,
el lucro generado por la exportación de soja se tiene que invertir
en importaciones de trigo, habas, etc., en gran parte provenientes de
EE.UU. En 1973, Brasil decidió instalar plantas aceiteras para
exportar productos procesados. Estas instalaciones demostraron ser demasiado
grandes para lo producido localmente, así que parte de la soja
a procesar debió importarse. Pero Brasil no sólo es un exportador;
la mitad de la producción de soja es consumida localmente. La harina
de soja va a parar a los establecimientos avícolas de todo el país
(pollo congelado para Asia Central). Así que las decisiones respecto
del porcentaje retenido para consumo interno se están tomando a
niveles gubernamentales. Un error de cálculo puede generar insurrecciones
populares o bien pérdidas económicas enormes. En Brasil,
la soja ha sido un gran factor interviniente en la extrema polarización
de la diferencia de ingresos poblacionales, cosa que naturalmente incrementa
la tensión social. Por todas partes del mundo uno percibe la debilidad del sistema actual,
el cual hoy debería estar proveyendo "el pan diario"
para todos. No sólo son los océanos los que separan a productores
de consumidores o a animales de la fuente de su forraje, sino también
las fábricas con sus complejas manipulaciones que llevan el alimento
y el pienso a un estado apto para su consumo. La diversidad de medidas
políticas, armonizadas sólo marginalmente con consideraciones
económicas, constituye una adicional perturbación. El más
leve empujón puede poner en peligro la totalidad de un sistema
nutricional, aunque todavía podremos mantener la esperanza de que
los lazos económicos estrechos consigan calmar los conflictos internacionales.
Respecto del camino que le fue impuesto, la Unión Europea manifestó
sin ninguna reserva que es un camino sin retorno. ¿Qué nos queda por hacer? Los intereses que se oponen a un cambio político, sin mencionar siquiera todo el sistema gubernamental de nuestra civilización, son demasiados. Aún con la mejor voluntad es poco lo que podemos esperar en este aspecto. Sólo las iniciativas locales, individuales, pueden aportar un nuevo comienzo que no dependa del gobierno. Y sólo un fundamento científico-espiritual confiere a la agricultura el poder de resistencia a largo plazo necesario para contrarrestar la tendencia generalizada que está estandarizando toda esfera de la vida, subyugándola a puntos de vista puramente económicos. Pero también es seguro que todo consumidor que haya logrado comprender el valor de los alimentos provenientes de semejante agricultura deberá tomar una firme postura que garantice su supervivencia. Por Ilse Oeschlager - Demarest . Nacida en Stuttgart, es un líder del movimiento biodinámico en Chatou, París. Fuente: Weston A. Price Foundation Tomado de Ecoportal
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