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Las publicaciones científicas al servicio del Poder
"No hay forma de Poder sobre la gente que pueda ejercerse si no es a través de la mentira (...) es la mentira y la mentira presentada como verdad y como objeto de fe lo que ha dado siempre fuerza al Poder y sigue dándosela hoy día (...) de forma que ¿qué duda os cabe de que la encargada del mantenimiento de esta mentira es la Ciencia y que no puede declararse inocente de nada?" Agustín García Calvo. Transcripción de su intervención en la mesa redonda "Ciencia: pro y contra", celebrada el 15 de noviembre de 1994 en la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona.
Los católicos quemaron a Giordano Bruno. Los protestantes
hicieron lo propio con Miguel Servet. Eran los últimos coletazos
de poder de un aparato represivo en decadencia. Otra fuente de verdades
y certezas comenzaba a tomar el relevo. Y el profeta del positivismo,
Agust Comte, reclamaba el método científico como la única
fuente de dogmas para esa nueva "religión científica
de la humanidad" que rescataría a Occidente del "caos
y la anarquía". Ciento cincuenta años después, la Ciencia se ha investido de los mismos poderes que acabaron con Bruno y Servet. Tal y como quiso Comte, es la única fuente de dogmas indiscutidos. Y el mecanismo fundamental por el que se da a conocer la palabra revelada de la nueva religión son las publicaciones científicas.
Estudios publicados por las propias revistas científicas, declaraciones
de sus editores y un análisis de sus relaciones con la Industria
Farmacéutica permiten concluir que la manipulación y falsificación
de datos, la censura a través del peer review y las perversiones
metodológicas y morales, no son hechos puntuales protagonizados
por tal o cual persona deshonesta, sino un problema estructural derivado
de la función de la Ciencia como sostenedora del Poder. La evidencia es aplastante:
Así es como funcionan las "prestigiosas" revistas científicas.
Teniendo en cuenta que la Industria Farmacéutica controla la inmensa
mayoría de publicaciones especializadas y revistas de divulgación
científica, financia proyectos de investigación, concede
becas, subvenciones y empleos... y finalmente influye poderosamente en
los medios de masas, ¿qué otra cosa se podía esperar? La recomendación de Einstein "lo importante es no dejar nunca de cuestionar"- o las lecciones de rigor y honestidad de Niels Bohr o Erwin Schrödinger parecen enterradas definitivamente por una ciencia cuyo motor fundamental no es, como escribe Galimberti, "la voluntad de saber, sino la voluntad de dominar", y ello mediante procedimientos refinados de censura de los cuales es especialmente significativo el sistema de revisión por pares o peer review que garantiza desde el anonimato la perpetuación de una élite al servicio del poder, el control del reparto de fondos y la administración de credibilidad ante una cada vez más indefensa sociedad.
De hecho, las publicaciones científicas no son más que
un caso particular de "Medios de Comunicación de Masas"
con sus mismos mecanismos y objetivos: El ciudadano medio cree que lo que lee en los periódicos, oye
en la radio y ve en la televisión es algo real; que realmente
provocar una matanza en Iraq es legitimo y se hace para proteger la democracia,
la libertad y la paz; que realmente en Palestina existen soldados luchando
contra terroristas; que realmente se prohiben partidos políticos
para defender la democracia, y así sucesivamente. De la misma forma y por los mismos motivos, el lector medio de las publicaciones científicas cree que lo que publican es real, que el desciframiento del genoma humano permitirá erradicar las enfermedades y fabricar seres a la carta; que las vacunas han servido para acabar con las enfermedades contagiosas o que hay un "VIH" que se dedica a matar las defensas de millones de personas (aunque no se sepa cómo), y que la única solución es atiborrarlas de productos químicos cada vez más agresivos, que son proporcionados por las benefactoras de la humanidad las multinacionales farmacéuticas - que pagan a quiénes los desarrollan, fabrican, recetan y publicitan.
¿Qué sucedería si el ciudadano de a pie se hiciera
consciente, de repente, de que la información que recibe no
es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, sino
que está elaborada por quiénes controlan los medios de comunicación?
¿Qué sucedería si decidiera darse por enterado de
que existen informadores honestos e independientes, que ofrecen análisis
e información alternativa? Sencillamente: sería una catástrofe. Le sería imposible
soportar el peso de la responsabilidad que supone tener que decidir: ¿Será
Chávez un dictador amigo de terroristas o uno de los pocos que
se atreven a enfrentarse al Imperio? ¿Estará Sadam preparando
la destrucción de Occidente en arsenales secretos, bajo las arenas
de Mesopotamia, o será petróleo lo que busca Bush junior
en el subsuelo iraquí? Etcétera. Y de la misma forma: ¿Qué sucedería si el médico
de a pie se hiciera consciente de repente de que la información
que recibe no es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad,
sino que está elaborada por quiénes controlan esas revistas
que en muchos casos son los mismos que controlan el resto de los
medios? ¿Qué sucedería si decidiera darse por enterado
de que existen científicos e investigadores honestos e independientes,
que ofrecen análisis y resultados alternativos? La catástrofe sería aún mayor por el efecto rebote sobre el resto de la sociedad, porque a nuestro médico de pueblo le sería igualmente imposible soportar el peso de la responsabilidad que supone tener que decidir: ¿Serán GlaxoSmithKline, Abbot, Boehringer Ingelheim, Roche y demás, benefactoras de la Humanidad, o estaré aterrorizando a mis pacientes y condenándolos a la enfermedad y a la muerte? ¿Estarán equivocados los abnegados investigadores que reciben miles de millones de dólares cada año, publican en las revistas más prestigiosas y cosechan premios a diestro y siniestro? Etcétera.
Pero tranquilos. De momento no hay peligro. La capacidad de poner en
duda es inversamente proporcional a la complejidad de la cosa. No se trata
de un problema de conocimiento, sino de confianza en el especialista
ese ser que cada vez sabe más de menos, y que por pura lógica
terminará sabiéndolo todo de nada. Las publicaciones científicas cumplen regularmente su misión de adoctrinamiento de la misma forma que los medios de masas, sólo que en un nivel superior de complejidad y por ello mismo, con un nivel superior de impunidad. Y los médicos de a pie (y el resto de los profesionales de a pie, cuyo trabajo esté ligado de una u otra forma a los saberes científicos), se aferran a su fe a esas "ficciones necesarias" de las que hablaba Nietzsche - con las mismas patéticas fuerzas que lo hace el ciudadano de a pie a las encíclicas televisivas.
Monográfico
del Journal of the American Medical Association ORI: Office of Research Integrity (Oficina para la Integridad en la Investigación) Bibliografía
BRAVO TOLEDO , Rafael. Aspectos éticos en las publicaciones científicas. http://usuarios.bitmailer.com/rafabravo/fraude.htm, 1999. EDITORIAL. Masking, Blinding, and Peer Review: The Blind Leading the Blinded. Annals of Internal Medicine, 1 January 1998. 128:66-68. FEYERABEND. Contra la inefabilidad cultural, el objetivismo, el relativismo y otras quimeras. Archipiélago, 20. Primavera, 1995. GALIMBETI, Umberto. La voluntad de dominar. Archipiélago, 20. Primavera, 1995. HERXHEIMER, A. Make scientific journals more responsive and responsible. Scientist. March 20, 1989:9, 11. IBAÑEZ, Tomás. Ciencia, retórica de la "verdad" y relativismo. Archipiélago, 20. Primavera, 1995. KOHN, A. "False Prophets". New York, NY: Basil Blackwell Inc., 1986. LOCK, S. y WELL, F, editors. Fraud and misconduct in medical research, 2ª ed. Londres: BMJ Publishing Group ; 1996. MARTÍNEZ, Jerónimo. "Ciencia y Dogmatismo. El problema de la objetividad en Karl Popper". Madrid, Cátedra, 1980. RENNIE, D. Problems in peer review and fraud: cleave ever to the sunnier
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